¡Dejadlos caer!

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Lo quiero, lo veo después de un día de trabajo y me ríe el alma. Quiero besarlo, abrazarlo y tenerlo en mis brazos todo el tiempo. Estoy enamorado de mi hijo, es mi vida y es un amor tan fuerte que no se puede describir, diferente a todos e incomparable a ningún otro. Pero sé que hay situaciones en las que tengo que retirarme y dejarlo libre. Para que nuestros hijos puedan tener un buen desarrollo emocional, necesitan sentirse cuidados y queridos, sin embargo la protección excesiva puede derivar en problemas y tener más desventajas que ventajas.

La sociedad ha avanzado y hoy en día los hijos llegan al mundo envueltos en cuidados y siendo el centro de sus familias. Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos: la mejor ropa, la mejor comida, mejores juguetes, colegios y un no acabar…
Si envolvemos a nuestros hijos en cuidados y atenciones, podemos privarlos del aprendizaje que necesitan, de la posibilidad de enfrentarse a problemas y dificultades propias de su edad. Es decir, no permitimos que desarrollen las armas o herramientas necesarias para su futuro.

Como padre y maestro veo como hoy en día se tiende a proteger excesivamente. Muchas son las luces que deberían hacer saltar la alarma a las familias. Por ejemplo cuando disculpamos todo, la culpa es del otro niño, del maestro o de la abuela. Cuando intentamos por todos los medios que no estén en situaciones que no puedan resolver. Cuando intentamos adelantarnos siempre a sus deseos. Podría seguir pero todos sabemos más o menos. Lógicamente nosotros incurrimos en muchos de estos errores aunque creo que hay padres que llegan a la exageración. Correr detrás de tu hijo en el parque para que se coma la merienda me parece cómico. Llevas la merienda si quiere comer que venga y lo pida y sino que no coma.

La sobreprotección tiene efectos enormemente negativos, esto lo veo en el colegio. Niños de 9 años que no saben atarse los cordones, niños que lloran por tonterías, niños que te dicen que le abras el zumo que no saben. No dejar a un niño aprender solo y que sea capaz de responder de manera natural a situaciones que surjan en el día a día puede provocar niños inseguros, niños que no saben llevar la frustración, niños que no valoran nada de lo que tienen; en definitiva niños asociales.

Dejad a vuestros hijos equivocarse, caerse, tropezar en la misma piedra una, dos, tres y cuatro veces, que sepan que no siempre se gana ni se consigue lo que se quiere. Quererlo, mimarlo y abrazarlo no significa decir siempre que sí, hay que dejarlo caer. Si se caen se levantan, podemos demostrarles que estamos ahí pero no hace falta ir siempre corriendo a levantarlos.

7 Respuestas a “¡Dejadlos caer!

  1. Muchas veces, la diferencia entre la sobreprotección y la protección inteligente se observa en el desarrollo psicomotriz del niño/a. Hay que dejar libertad a los hijos, incluso para caerse, para tropezar, para herirse (entendámosnos)… El exceso de precaución desemboca en niños atados, sentados, tumbados, que no gatean cuando tienen que gatear, ni andan cuando tienen que andar, ni corren o saltan cuando tienen que hacerlo. Cada padre/madre sobreprotector buscará una justificación para ese retraso psicomotriz, pero supone una desventaja evidente.

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  2. Me parece muy cierto tu post, y es que en esos casos, más que ayudar, entorpecemos. Recuerdo mamás en la fila para entrar a clase (antes de yo saber lo que es ser mamá y seguro pecaré en un futuro), cerrándole la cremallera de la chaqueta a niños de 8-9 años, peinándoles mil veces y colocándole bien cada bajo del pantalón para que el niño fuera bonito. A parte de que el niño no tiene libertad de ser quién es (¿qué importa si va despeinado o peinado para otro lado si a él le gusta?), le resta credibilidad, porque en esos momentos lo que pienso es que la madre no ve a su hijo capaz de hacerlo por sí mismo, o quizás ni sabe porque no ha tenido oportunidad.

    En mis prácticas de la carrera fui a la tutoría de una maestra amiga de la familia de niños de 4 años, que se abrían su zumo ellos solos (pajita incluida), iban y venian a lavarse las manos al baño solitos, sacaban su comida y recogían todo después de comer en el aula…y en definitiva, pocas veces les vi pedir ayuda. Me quedé con eso y con las palabras del director en privado alabando la labor de esta profesora, con lo cual, tomé bastante nota para aplicarla con Príncipe en el futuro. Desde ya con ocho meses, estoy haciendo mis pinitos en el tema.

    Tremendo rollo te solté!! Como siempre, buen post. Un beso!

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    • Gracias madremaya por leerme. El amor no es incompatible con el acompañamiento hacia la autonomía. Los niños necesitan de sus padres que estos entiendan que a veces no necesitan nada. Y nosotros debemos aún cuando rebosamos amor y queremos hacer algo por ellos pararnos a pensar si no será algo que puedan hacer solos. Es verdad que en cole se aprenden muchas cosas que a uno le sirven con su hijo.
      Saludos madremaya

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  3. Pingback: “Los hijos no quieren padres perfectos, quieren padres felices” | Kiss and Cakes·

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